Cincuenta ojos, tres corazones, cinco manos y un radar en la espalda. Es lo mínimo indispensable, el equipaje básico para convertirse en un buen cazador. O en un buen fotógrafo, asegura él, pocos antes de la apertura de una de las muestras más importantes de su trayectoria, Aldo Sessa. 50 años, con la que celebra medio siglo de trabajo detrás de la cámara. A lo largo de la entrevista él no dirá una sola vez "cámara". Siempre se referirá a la "máquina". Hablará de cuánto se parece esa máquina a otros instrumentos de trabajo. Y de cómo un fotógrafo se asemeja a alguien que acecha a su presa con todos los sentidos.
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